Hermano Victor, aprendiendo siempre de la vida

Domingo, 25 Diciembre 2016 20:46 Testimonios

 

Victor García

 

 
  El Hermano Victor García Arroyo, forma parte de la historia de los maristas de Cartagena y de las Provincias Maristas Españolas. Aunque en el relato que viene a continuación, ha pasado de puntillas por esos cargos de responsabilidad que ha tenido en su vida, creemos desde MaristasCT, que conviene hacer una breve introducción a su persona. El Hermano Victor fue Director del Colegio entre los años 1964 y 1968 en la Plaza de San Agustín. Tuvo en esos años que gestionar la muerte en Roma del Hermano Pedro Ignacio y tomar decisiones importantes de cara al nuevo colegio en la ubicación del Ensanche.

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 Años después fue Administrador Provincial y Provincial de la llamada Provincia Marista de Levante. Años en los se produjo una expansión en obras y misiones importantes. Fue el promotor a nivel nacional de las llamadas pruebas psicopedagógicas en forma de test, que se desarrollaron en el CEIS. Renovó la Editorial Luis Vives desde Zaragoza, siendo el Director de la misma en los momentos que surgió la orientación de la misma hacia la literatura infantil. Él ha preferido centrar su TESTIMONIO en los últimos años de su vida. Me parece bien. No debemos olvidar que el objetivo de esta sección de nuestra WEB es aprovecharnos de la experiencia de aquellos que nos precedieron en su paso por nuestro colegio. La TRADICIÓN es un valor que nos ayuda a crecer como Comunidad Educativa Marista. 

 

   Gracias Hno Victor por aceptar esta invitación, aunque le tengo que decir que puesto que estamos recopilando la Historia de los Maristas en Cartagena, volveremos sobre el período de 1964-68.

 TESTIMONIO DEL HERMANO VICTOR

Victor

    "Recuerdo que era uno de los primeros meses del año 2014. Hacía poco tiempo que yo había llegado a Cartagena para fijar mi estancia en la residencia adjunta al colegio marista cuando me encuentro con “Chuchi”, profesor del colegio y directivo del mismo. Hablando, hablando, rebobinamos algunos episodios de nuestro antepasado. Chuchi me informó de su trabajo, su familia, me recordó nuestros varios encuentros de hace años. Salieron en la conversación pequeñas y simpáticas andanzas. Yo le conté algunas historias de mi pasado en Cartagena; le agradó escuchar mi experiencia de cinco años en Guinea Ecuatorial. La verdad que mi amigo me conoce y sabe de mis recorridos y responsabilidades dentro de la institución marista. Por todo y por la amistad que tenemos no tuve otro remedio que adquirir un compromiso que, por cierto, he seguido arrastrando hasta la fecha de hoy: noviembre 2016. Durante este espacio de tiempo de dos años he tenido que escuchar por pasillos y recreos del colegio un sin fin de veces la siguiente cantinela: ¿Victor, te acuerdas del compromiso? Y mis respuestas eran siempre las mismas: No te preocupes, cuando tenga tiempo lo hago y te lo doy. El tal compromiso consistía que yo escribiera algo de mi historia personal que se adaptase al apartado TESTIMONIO de la web del colegio.

   Ahora que estoy desocupado y en mi retiro provisional de tres meses en Algemesí voy a intentar dar cumplimiento al compromiso adquirido. Así que me presento delante de vosotros para deciros:

                                 - Quien soy, de donde y hasta donde he llegado.

                                 - Los milagros que he hecho en mi vida.

                                 - Recuerdos de los 5 años vividos en Cartagena, allá por los años 60.

                                 - Los oficios y responsabilidades que he ejercido.

                                 - Las magnificencias de mi persona.

                                 - Lo guapo e inteligente que he sido.

                                 - Las experiencias de mis veinticinco últimos años.

   Claro, que aplicando la fórmula marista (humildad, sencillez y modestia) y tratándose de dar un TESTIMONIO escrito que se me ha solicitado, trataré de no convertir mi testimonio en autobiografía. Al intentar de coordinar las ideas que se han acumulado en mi mente con el encargo/compromiso aceptado lo primero que debo poner delante es el texto evangélico de Juan (Capítulo 5,32-35): “Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que debe dar testimonio de mí…”

   Y ahora ¿qué hago? ¿Por dónde tiro?. ¿Nombro a un pseudo X que dé testimonio de mí?. Me parece sería lo correcto, lo más didáctico, real y creyente. No quiero complicarme la vida y he pensado que lo mejor y más exacto es que yo titule este rato con epígrafe:

UNA  ETAPA EN LA HISTORIA

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   88 años vividos dan mucho de sí para exponer. Si me atuviera al programa anteriormente apuntado a más de uno lo consideraría muy cercano a rollo macabeo. He pensado contar algo sobre el último apartado y así me ajusto mucho mejor a lo que se me ha pedido. Creo que va a ser lo más fácil y para el lector lo más entretenido. El guión correrá con las dos ideas siguientes: a) Cómo he vivido mi tercera edad. b) Motivaciones que han estado presentes en el correr de mis últimos 25 años.  Así, pues, comienzo por el final de mi historia personal última.

   Tenía yo unos 65 años cuando en una ocasión conduciendo el automóvil por la Mancha, camino de Madrid, entro en un pueblo para repostar combustible en una gasolinera. Terminada la operación vuelvo a entrar en la carretera general sin ver el stop; un peatón que casi le atropello me grita: “Abuelo!, vuelve a la escuela y aprende a conducir. Mira, que no ves. Ponte las gafas. Pero ¿no has visto el stop?”.

   Primer punto de la meditación: ¿Será verdad que ya soy mayor, abuelo? Aquel grito lo tomé como un insulto. Me supo rabiosamente mal. Un pequeño juramento o taco resonó dentro del coche. Aquella palabra sonora ABUELO me impactó. Cada vez que he vuelto a pasar por la Roda me acuerdo del señor que se fijó en mí.

   Segundo punto de meditación: Había cumplido 66 años cuando un buen día viajando en el metro de Madrid, al principio de la mañana, entre las estaciones de Atocha y Begoña, y después de un buen rato, una señora bien vestida y de unos 45 años se levanta de su asiento y me ofrece su lugar. Internamente me rebelé y con mucha educación no acepté su invitación, pero en mi interior me dije: “Parece ser que es cierto; los otros, los demás ya te ven mayor, has entrado en la edad de la jubilación...” Un año después pedía la dimisión como Director General de la Editorial Luis Vives. Es otra pequeña historia, con pelos y señales, aunque no lo considere como elemento “testimonial”.

   

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Corría el año 1992 y al dejar el puesto directivo de la Editorial de Zaragoza, el Hermano Antonio Giménez me propone que me encargue de la Administración de la Provincia de Levante. Acepto el ofrecimiento ya que nunca me he negado a cualquier insinuación de un superior. En esta tarea que ya había desempeñado en una etapa anterior colaboro durante cinco años en la tarea encomendada.

   Lo que voy a contar no es cuento, también es historia. Resulta que un buen día y dentro de esta faceta de ocupación de la economía y de las finanzas subo al autobús urbano de Valencia, número 30 y me sucede lo mismo que cinco años antes cuando viajaba en el metro de Madrid. Aquí si que acepté el asiento que me ofreció un caballero educado.  Con todo ello yo había llegado al tercer punto de meditación cuando ya había alcanzado los 72 años y lo empalmé con el propósito: “A la tercera va la vencida. Está más claro que el agua. Víctor, has llegado a la 4ª vigilia aunque tu te creas que no eres viejo.  Vete recordando el capítulo de  la realidad y acepta que ya no eres joven y tienes que dejar para otros la ocupación que ahora estás realizando”.

    Estuve varios meses meditando sobre el tema de la edad. Me costó mucho tomar una decisión: dejar voluntariamente mi trabajo de administrador donde yo me encontraba con los números, la bolsa, el coche, cierta libertad de movimientos, bien considerado y aceptado, dejar Guardamar… Hablando, hablando con mi superior inmediato, el Hermano Manuel Jorques llegó a aceptar mi proposición y la idea de que mi persona pudiera ser útil en Torrente para cuidar y preocuparme de los 9 Hermanos mayores que habían dado sus años de vida productiva en favor de la congregación dentro de la Provincia de Levante. Era el año 1998. Y a Torrente me fui con mucha ilusión y algo triste. Aproveché mi nuevo destino para aprender la aceptación en la ancianidad, contemplando modelos que yo tenía delante: Julio Ramos, Félix Lengarán, Teófilo Martínez… ya que con el contacto siempre se pega algo.

    En esa casa de TORRENTE leí bastantes libros sobre el tema de la 3ª edad y llegué a realizar, en los tres años de estancia, un speudo master práctico de cuidados geriátricos con lo que intenté asentar en mi interior:

                   -La gran sabiduría de la aceptación.

                   - el reposo activo del ocio.

                   - La interdisciplinariedad de los hobbis.

                   - El saber dejar atrás ciertas historias y el valor del servicio (darse).

                   - El saber olvidar ciertas sombras del pasado.

                   - La alegría de ser el más joven de la comunidad.

   En esta etapa de mi vida tenía tiempo para todo. Todas las mañanas me miraba al espejo de mi habitación y no me importaban mucho las canas que cubrían mi cabeza, ni las arrugas de mi frente, ni las células ennegrecidas por el tiempo.  En el trato de mis Hermanos envidiaba la serenidad de un Félix Santos, la alegría que emanaba del rostro de Ismael Julián y la aceptación de una vida gastada por los demás de Teófilo Martínez…Curas12

    Aquí en Torrente empecé a rezar todos los días la oración del general Hunt: “Señor, dame resignación para aceptar lo que no puedo cambiar; valor para cambiar lo que puedo y debo cambiar y la sabiduría para distinguir entre ambas cosas”.

   Un trienio (1999,2000 y 2001) estuve con mis Hermanos ricos en méritos y pobres en recursos fisiológicos. Al cabo de este tiempo me ofrecí al H. Superior General, con el consentimiento del Provincial de turno, para realizar una experiencia misionera en un país pobre del tercer mundo. En este momento estaba ya medio (?) convencido de que en España era un jubilado numérico pero que en África no había clasificación de edades. Y en Guinea Ecuatorial mis fuerzas resistieron cinco años y estuvieron a prueba hasta cumplir los 78 años. De esta antepenúltima etapa o destino guarda mi memoria gratos recuerdos. Ebibeyin se llama la población donde colaboré en el campo de la educación y en un colegio que dirigían los Maristas en el norte de país. Tengo la sensación que África me devolvió un poquito de juventud que había perdido.

   Creo que ya no se puede forzar más el cuerpo ni exponerlo a los inconvenientes del clima ecuatorial y en razón de todo ello volví a la península para descansar y reponer fuerzas en Denia (Alinante) donde pasé otros cinco años tranquilos en compañía de 4 buenos Hermanos. ¿Qué he hecho en este pequeño pueblo de Denia? Colaboré con mi presencia, atendí el teléfono de la recepción del colegio por la mañana, por la tarde paseaba y leía la prensa, aprendí técnicas de pintura, monté un pequeño taller de vidrieras y el resto de tiempo que me quedaba hacía lo posible para no estorbar.

    De mi pequeño paraíso de Denia en 2016 fui destinado a Cartagena por segunda vez para convivir con otros Hermanos de la misma edad y para inaugurar una Residencia de Mayores. Aquí tengo tiempo para repasar mi historia personal, para contemplar el mar, para acercarme hasta la plaza de san Agustín y contemplar el edificio del antiguo colegio marista del cual fui director, para rememorar historias, recordar personas y alegrarme de las cosas buenas y bonitas de mi juventud. Aquí, como en anteriores lugares, me voy desprendiendo de años sin darme cuenta. En este destino sigo aprendiendo cosas nuevas dentro de lo que llamamos jubilación. En este lugar formo parte de una comunidad de Maristas. Somos 13 Hermanos que intentamos ser y manifestar lo que palabra “hermano” significa. Estamos todos los que vivimos aquí ante un reto de encontrar un estilo de comunidad para nuestro tiempo y que refleje la mística y profecía de nuestra vocación. De momento, intentamos construir juntos una comunidad donde las relaciones sean cordiales, respetuosas y fraternales, como medio de crecer en a Fe y espíritu marista. El campo de actuación también se amplía a todo el personal que convive con nosotros en las instalaciones de la Residencia.

   En mis referencias anteriores he intentado no ser aficionado a la biografía y mucho menos a la hagiografía, y sin embargo lo que he relatado es pura historia con cierta pretensión de colocar flecos que puedan inducir a paradigmas testimoniales.

   Creo que los tres elementos motivadores de mis actuaciones de estos 25 últimos años se podrían concretar de la siguiente manera:

  • entrega y servicio hacia los demás,
  • aprender a dar lo que me gusta recibir, y
  • buscar el reposo activo del ocio."

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Modificado por última vez en Viernes, 13 Enero 2017 13:22
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